El mal, junto a su opuesto (el bien), se caracterizan por formar una dualidad presente en todas las culturas conocidas, y dentro del mismo ser de las personas. En general, la distinción de la maldad implica una jerarquía de estándares morales en cuanto al comportamiento humano, dentro de la cual la maldad es el menos deseado y el amor es el más importante. Así, una persona que practica el mal es alguien "malvado". Un término similar es malicia; un criminal puede ser considerado malicioso.
"Mal"es un concepto orientado a definir aquello que aumenta el esfuerzo por conseguir lo bueno. Por ejemplo, se considera que el trigo es bueno para alimentar a las naciones con hambre, pues todo lo que se oponga a la consecución de dicho objetivo, es malo. Se estima que el individuo que respeta las normas y leyes locales, es una persona buena, pues fomenta el sistema social en el cual vive, aquella persona que se rebela por causas violentas, es mala. La rebeldía no siempre es mala si se manifiesta por conductos razonables.
Muchas culturas reconocen muchos niveles de comportamiento inmoral, desde pequeños vicios a grandes crímenes. Estas creencias a menudo son transportadas al sistema legal de la sociedad, con métodos de juicio y castigo para las ofensas.
Mal es el término que determina la carencia de bondad que debe tener un ente según su naturaleza o destino. De esta forma, el mal es el valor otorgado a algo que reúne dicha característica, en ocasiones apartándose de lo lícito u honesto, perpetrando desgracia o calamadidad, convirtiéndose en consecuencia en malo.